A VUELTAS CON EL BREXIT: ¿LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO SI SALE EL SI? “MENOS LOBOS, CAPERUCITA”

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Luis Fontes de Albornoz

El brillante economista y columnista del Sunday Telegraph”, Liam Halligan, hace unas reflexiones muy interesantes sobre el tan manido tema del Brexit.

Frente a los peligros casi apocalípticos que, supuestamente, se ciernen sobre el Reino Unido, el resto de países de la Unión Europea y el sistema económico mundial si el ciudadano británico se decanta por el Brexit el próximo 24 de junio, Halligan aporta el contrapunto, con argumentos frescos y convincentes, lejos de cualquier populismo chauvinista.

El establishment británico, europeo y mundial (bancos centrales, gobiernos, G7, FMI,…) se ha sumado ardientemente a la campaña por la permanencia del Reino Unido en la UE, espoleando el discurso del miedo. Pero nadie advierte de los riesgos del status quo, señala Halligan.

Más allá del auge en las urnas de partidos populistas en toda Europa, partidos que esgrimen argumentos a favor de una inmigración ordenada y de un rescate de la maltrechas clases medias y bajas, Halligan apunta, como paradigma de los males del “más Europa”, hacia el sufrimiento que la instauración del euro ha traído a un país otrora muy competitivo como Italia.

Hoy en día, una mayoría de italianos está a favor de abandonar el euro e incluso muchos abogan por salirse de la UE, según las encuestas. Desde la implantación del euro, Italia ha perdido un 30% de competitividad contra Alemania, y el resultado es un desempleo creciente y un agravamiento del problema de la (gigantesca) morosidad de los bancos y de la deuda pública italianos, para el que no se vislumbra solución

El euro, señala Halligan, constituye la fuente de mayor riesgo sistémico del planeta, con diferencia. Es un polvorín. La deuda pública italiana estaría devengando unos intereses estratosféricos si no fuera por la compra masiva de bonos por parte del Banco Central Europeo, con euros recién salidos de la imprenta.

Sin una mutualización de la deuda y una unión bancaria “comme il faut”, implicando una gran dilución de soberanía que los países ricos no quieren asumir, Halligan opina que el euro acabará inevitablemente saltando por los aires, sea cual sea el catalizador final (colapso de los bancos italianos, crisis griega, u otro).

En este escenario, ningún país de la Unión Europea escapará a la, digámoslo suavemente, convulsión político-económica. Todos deberemos pasar por caja para cubrir agujeros. Más nos vale quedarnos fuera del incendio, apunta Halligan.

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Otrosí, un eventual sí al Brexit no implica en absoluto la ruptura inmediata de los tratados que ha asumido el Reino Unido con sus socios europeos. Simplemente abre un periodo negociador para encontrar un nuevo punto de equilibrio. Lo más probable es que entre el RU y la nueva UE siguiera habiendo un “mercado común” a la antigua, una especie de zona de libre comercio con unión aduanera, e incluso con libertad de circulación de capitales. Un estatus parecido al de Suiza. En este supuesto, la nueva UE tendría por fin las manos libres para “hacer más Europa”. ¿O es que esto ya no interesa a nadie?

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Liam Halligam via the Sunday Telegraph

Los bancos quebrados de Italia muestran el peligro que subyace detrás del euro

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Estuve en Milán la semana pasada, dando una conferencia sobre el Brexit, cuando de repente saltó la noticia de la dimisión del primer ejecutivo del mayor banco italiano.

Unicredit está al borde del precipicio: el precio de su acción se ha desplomado en un 40% en lo que va de 2016. De hecho, todo el sector bancario italiano parece extremadamente frágil, pues lo precios de las acciones bancarias han caído como media en un 30% desde el inicio del año. ¿Quién puede creerse que todo esto no le va ni le viene al Reino Unido?

Durante las últimas semanas, hemos oído declaraciones aterradoras sobre “los peligros del Brexit” por parte del Tesoro y del Banco de Inglaterra, instituciones de vital importancia que, lamentablemente, al día de hoy parecen totalmente politizadas. Pero en cambio no oímos a nuestras autoridades decirnos nada sobre los considerables riesgos de permanecer en la Unión Europea.

Una preocupación que planea sobre la conciencia del pueblo británico es, por supuesto, la inmigración, que el año pasado ascendió a la cifra de 333.000 personas en términos netos, de las cuales 184.000 procedían de la UE. Nunca he sido anti-inmigración, pero creo que las grandes diferencias salariales dentro de la UE, combinado con los desplazamientos masivos de personas desde África y Próximo Oriente a Europa, implica que el principio de la  “libertad de circulación” de personas no solo sea una ingenuidad sino algo cada vez más peligroso.

La emigración intra-europea está desgarrando el tejido social y radicalizando las políticas europeas a un ritmo alarmante. Quien no se percate de este hecho y reflexione sobre implicaciones, estaría mostrando una falta absoluta de buen sentido.

Estamos siendo testigos en Europa del auge de partidos como los Demócratas suecos, los Verdaderos finlandeses, Alternativa para Alemania (AfD), el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia y, por supuesto, la Ukip en el Reino Unido, partidos todos ellos relativamente moderados, que propugnan la instauración de controles a la inmigración y que cuentan con un notable apoyo público.

Si no se escucha a estos partidos, entonces surgirán organizaciones más radicalizadas y repugnantes, esgrimiendo posturas extremistas y alejadas de cualquier tolerancia.

Esta es una de las razones por las que el Reino Unido tiene que abandonar la UE, de modo que podamos migrar hacia un sistema de control de la inmigración basado en la obtención de puntos –como hacen Estados Unidos y Australia-, que preserve nuestro compromiso histórico hacia la acogida de refugiados genuinos.

Si Gran Bretaña diera este paso, sospecho que habría una gran presión política dentro de los países del continente europeo para modificar el Tratado de Schengen, cuya ejecución ya ha sido suspendida en varios países. “Imposible” oigo repetidamente decir a mis amigos partidarios de la permanencia. “Los Tratados lo prohíben”.

Hablando de tratados: ¿se acuerdan ustedes de que los Tratados también contemplaban el cumplimiento inexcusable del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que limitaba los niveles de deuda pública al 60% del PIB? Asimismo prohíben en teoría los rescates o “bail-outs” de entidades financieras, y contemplan que ningún país puede abandonar la moneda común.

Al final ha quedado de manifiesto que todas estas disposiciones en apariencia no negociables, todas estas verdades inmutables, no solo son modelables sino que son una auténtica estupidez, y se han quedado en nada ante la fuerza de la realidad política. Lo mismo podemos decir de Schengen, digan lo que digan “los Tratados”. En Francia, es muy probable que el Frente Nacional, de extrema derecha, consiga pasar a la segunda vuelta de la elección presidencial del año que viene.

Acabamos de ver como el Partido de la Libertad, abiertamente anti musulmán, no ha conseguido la presidencia austriaca por un escasísimo margen.

A menos que haya una respuesta política convincente al creciente número de gente con salarios muy bajos y económicamente vulnerable, la política europea se va a deteriorar en gran medida.

Ya es suficiente de este tema por ahora. Porque los peligros de la permanencia que quiero resaltar esta semana provienen de Italia, y muy en particular de la trayectoria económica de este país dentro de la moneda única, y del riesgo de que se produzca una crisis bancaria en la cuarta mayor economía de la UE.

El mío no es el “Discurso del miedo”. Es el “Discurso del mire usted a los hechos, aunque sean desagradables”. La economía italiana ha sufrido mucho dentro del euro y ha sido la más castigada de la zona solo por detrás de Grecia. Italia ha crecido, como media, solamente el 0,2% anual desde la implantación de la moneda única en 1999.

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Encerrada dentro del corsé de una divisa fuerte, durante este periodo Italia ha perdido el 30% de competitividad contra Alemania, medido en costes laborales unitarios. Es una pérdida que en el pasado se podría haber enjugado significativamente a través de una devaluación gradual de la lira.

La tasa de desempleo oficial del 11,4%, ya de por sí elevada, es inferior a la cifra real, que es mucho más alta. En Campania, la tasa de desempleo asciende al 53%. En Calabria, al 65%. El paro juvenil asciende ahora al 37%, frente al 23% de media anual durante la primera década de vida del euro.

Esta es una de las razones por las que las encuestas dicen que casi el 50% de los italianos quieren salir de la UE, al tiempo que varios de los principales partidos políticos se plantean la posibilidad de dejar el euro. La falta de crecimiento de la economía ha agravado la crisis de la deuda, y solo la deuda pública ya asciende a 2,17 billones de euros, o el 134% del PIB.

La única razón por la que los bonos del Tesoro italiano no cotizan a unos tipos de interés estratosféricos es que el Banco Central Europeo está imprimiendo 80.000 millones de euros al mes, y los inyecta en el sistema financiero comprando bonos. Sin embargo, el problema más inmediato, y aquél que plantea un serio riesgo de desplome sistémico, es el estado de salud de los bancos italianos. La montaña de 80.000 millones de euros de créditos morosos en el balance de Unicredit, es solo una parte del total de 360.000 millones de euros a nivel nacional.

La tasa de morosidad de los bancos italianos equivale aproximadamente el 18% de la cartera crediticia y sigue creciendo, lo que compara muy mal con el 3% de la banca alemana y el 4% de la banca francesa. Aunque todo el sector bancario haya sufrido este año en la UE, las acciones de bancos italianos han caído más del doble que la media de sus colegas europeos.

Tardíamente, muy tardíamente y solo como fruto de una intensa presión diplomática, ha comenzado Italia a sanear su sector bancario. La confianza pública no está en niveles altos. El año pasado, fracasó el rescate de cuatro pequeños bancos y algunos clientes perdieron los ahorros de toda una vida, desencadenando suicidios y una ola de indignación a nivel nacional.

Con un Estado en una situación cercana a la insolvencia, los bancos están intentando poner en marcha un plan impulsado por ellos mismos por el que, en vez de amortizar préstamos y enjugar pérdidas a costa de accionistas y bonistas, lo que hubiera sido lo lógico, los grandes bancos apuntalan a los pequeños, todos ellos, grandes y pequeños, en estado de suma debilidad.

Esencialmente, se trata de un ejercicio para guardar las apariencias que fácilmente puede salir mal, en parte debido a que la ausencia de crecimiento económico hará que la morosidad de las carteras crediticias y la deuda pública sigan creciendo. Me impresiona sobremanera que no se haya producido ningún debate serio acerca de este tema durante la campaña del referéndum.

Prácticamente cada comentarista, por ejemplo, acepta sin cuestionamiento alguno que la libra esterlina “caerá fuertemente” si triunfa el Brexit, pues esto es lo que afirma el Banco de Inglaterra. ¿Sucederá realmente así? ¿Por qué entonces durante las últimas semanas, cuando las prognosis de los sondeos apuntaban hacia un empate técnico, la libra se ha revaluado fuertemente contra el euro hasta alcanzar su máximo de cuatro meses?

De manera similar, en lo tocante a la propia divisa común, ya prácticamente todo el mundo acepta lo que algunos venimos diciendo desde hace 25 años;  a saber, que solamente podrá sobrevivir si tiene lugar una puesta en común o “mutualización” de una parte considerable de los ingresos públicos de los países de la zona euro y una unión bancaria. Ninguna de las dos cosas ocurrirá pronto.

De hecho, ambas cuestiones constituyen sendos tabús políticos, por lo que no parecen soluciones políticamente viables. Por tanto, antes de que estas masivas diluciones de soberanía nacional ocurran –y modestamente creo que eso nunca sucederá- uno o más países de la zona euro se irán a pique teniendo que salir del euro, causando un tremendo caos, y la factura correspondiente correrá a cargo de las grandes economías de la UE.

La moneda única es un polvorín. Constituye probablemente el mayor riesgo sistémico para los mercados financieros globales sobre el planeta. Sin embargo, cualquiera que sea el catalizador, ya sea el colapso de la banca italiana o la persistente crisis griega, como miembro de la UE el Reino Unido se verá en serios aprietos en caso implosión del euro. Tenga en consideración todo ello al valorar los pros y los contras del movimiento a favor de la permanencia (Remain)

 

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2 comentarios en “A VUELTAS CON EL BREXIT: ¿LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO SI SALE EL SI? “MENOS LOBOS, CAPERUCITA””

  1. Hola Luis,
    ¿Y en base a qué se le puede achacar al euro y a la entrada a la UE que Italia haya perdido un 30% de competitividad? Reconozco que no se puede hablar en futurismos, pero ¿qué sería de Italia ahora sin el euro? ¿No pudiera ser que la entrada en el euro y el paso de estos años haya coincidido con una pésima gestión de los políticos de la muchos países europeos (y no sólo por su menor libertad y flexibilidad en la toma de decisiones)?
    Nótese que lo mío no son afirmaciones sino dudas reales.
    Gracias por tus siempre interesantes comentarios y posts.
    Un saludo,

    Álvaro

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    1. Gracias, Alvaro.
      Desde luego, tienes razón al sugerir que la mala gestión del país también tiene mucho que ver con la pérdida de competitividad. No sería justo achacar todos los males del país al euro y/o la la Sra. Merkel.

      Luis

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